Tras nuestro paso por el veterinario, el cambio de dieta y el nuevo dispensario de comida, parece que el bichito evoluciona favorablemente. En los primeros días hubo cierta alarma porque a pesar de los cambios volvió a vomitar, pero todavía le estábamos mezclando la comida antigua con la nueva (según directrices del veterinario) y el cacharro estaba puesto en el modo "fácil" (tiene tres posiciones de dificultad). Pero tras eliminarle definitivamente la comida antigua y pasar al modo "difícil" la cosa está yendo fenomenal, tanto que ahora está más activo que nunca y no para de reclamarnos jugueteos y mimos.
Otra cosa que ha sido efectiva es quitarle el agua de al lado de la comida y ponerle varios cuencos por toda la casa. El grifo lo sigue reclamando pero menos, y nos vamos con la tranquilidad de que no se va a quedar sediento hasta que volvamos a casa.
Por cierto, este finde nos hemos enterado que nuestro gato es paracaidista: sus antiguos dueños nos contaron que una vez se tiró desde un segundo piso a un patio interior ('pa verse matao').
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